Sin filtro: José Carreño

Por José Carreño Carlón, publicado en El Universal

Y para seguir con esta percepción de cambio de época está el programa de tele arrancado el domingo en un canal de Televisa por un grupo de jóvenes identificados, algunos de ellos, con el #YoSoy132, de los que precisamente pusieron a Televisa en el blanco de sus protestas de este año. Y no es que haya sido un gran desempeño mediático el de este grupo de universitarios que debutaron el domingo en su programa Sin filtro, de ForoTV. Ni que el show haya alcanzado siquiera un regular nivel de audiencia, por el atractivo de los presentes o de lo que decían o hacían.

Pero aunque los chavos no acertaron a poner en claro qué significa su consigna de democratización de los medios, ejercieron una expresión que materializa, en parte, esa demanda: el derecho a comunicar, el derecho de las personas y los grupos a colocar en los medios sus mensajes, liberados de los estereotipos que suelen imponer los tratamientos de los medios: selectivos y con la contextualización y la jerarquización propias de los procesos informativos del periodismo. Se trata de los filtros a través de los cuales los medios seleccionan qué se pública y con qué marco.

Bienvenidos al escrutinio

Probablemente el nombre, Sin filtro, del programa se refiera al propósito de remover algunos de esos filtros que según esto han detenido el libre flujo de “la verdad”, o distorsionado u ocultado “la realidad”. Y, sí, no es infrecuente la presencia en nuestros medios de intereses extra profesionales en el marco del clientelismo que históricamente ha lastrado a la prensa latinoamericana. También han desnaturalizado las funciones y filtros del periodismo, previstos, idealmente, para decantar lo noticioso de lo que no lo es, conforme a los principios profesionales del valor de las noticias y el interés de audiencias y lectores. Pero en su debut, los jóvenes de Sin filtro mostraron desconocer algunos de los rudimentos de la comunicación y el periodismo, entre otros, los trabajos que desde hace décadas exploran las tendencias a estereotipar y distorsionar, precisamente a partir de las rutinas de los medios.

Y el problema es que hoy, incorporados a un medio, estos jóvenes establecen ya sus propias rutinas, con sus respectivas tendencias a estereotipar a personajes e instituciones, como ya lo hicieron el domingo, entre notables contradicciones, confusiones, imprecisiones y no pocas transgresiones al lenguaje televisivo. Seguramente corregirán, aprenderán y crecerán. Pero por lo pronto, bienvenidos al escrutinio público que ya tienen encima, por su nuevo rol de concurrentes a la definición de la agenda del debate público.

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