El fracaso del 132: Ricardo Alemán (La Otra Opinión)

Publicado en La Otra Opinión

De acuerdo con la información que aparece en su sitio web, el movimiento Yo soy 132 se rige por los siguientes principios:

Apartidista.

Pacifista.

Incluyente y plural. Carácter político y social. Autónomo y responsable. Respeto a la libertad de expresión. Compromiso en la construcción del país y la transformación de la sociedad. Y… Rechazo a la falsa democracia y las imposiciones.

El recuento viene al caso luego que este martes, una veintena de presuntos militantes del 132 se adueñó de las instalaciones del gobierno de Michoacán en el Distrito Federal.

Es decir, que “en solidaridad” con sus compañeros normalistas y en contra de la “imposición” de un plan de estudios, a su juicio errado; estos jóvenes se instalaron por la fuerza en las oficinas del gobierno michoacano, las desalojaron, pintaron las ventanas y paredes… y tres horas después se fueron por donde llegaron.

Al tiempo que ocurría esta atrocidad, eran tantas las células del movimiento que apoyaban la toma como las que se deslindaron del acto.

Sin embargo, independientemente de quién o quiénes tienen la razón, lo cierto es que el martes asistimos a una muestra clara del fracaso del #YoSoy132.

¿Por qué?

Porque las ideas de horizontalidad, la supuesta ausencia de liderazgos visibles y la, según ellos, inclusión de una amplia miscelánea de temas, son hoy su mayor problema.

En este momento, cualquiera puede usar la camiseta del 132 y manifestarse en contra de lo que le venga en gana. Esa fue la idea original del movimiento y es hoy el origen de su perversión y pérdida de sentido.

Además, si el puñado de mafiosos que se hizo de las oficinas del gobierno de Michoacán es, como decían, parte del colero del 132; lo cierto es que no hubo nada de pacífico en la toma de las instalaciones, no existe pluralidad ni inclusión en sus demandas; no hay tampoco responsabilidad en sus exigencias y al sumarse a la negativa a enseñar inglés e informática en normales rurales es todo menos un “compromiso con la construcción del país y la transformación de la sociedad”.

No tuvo que pasar mucho tiempo antes que el mundo entero viera la perversión de una idea que pudo ser buena pero que acabó en un pretexto para cobrar cuotas, ejercer presión a los grupos de poder y sobre todo, entorpecer la vida de muchos.

Y, en el extremo, un sector de los “ternuritas” del 132 tiene ya un espacio en Televisa. Gracias a una de las “intelectuales” que los tripulan y manipulan, la “odiada” televisa ya también les abrió espacio. ¿De risa no?

 

 

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