Agenda digital, promesas y desafíos (Milenio)

Por Cambio y fuera de Adriana Malvido, publicado en Milenio

Enrique Peña Nieto promete una agenda digital por un México conectado, dotar a todos los alumnos de escuelas públicas que cursen quinto y sexto de primaria de laptops con acceso a internet, capacitación de maestros, mantenimiento técnico, una red nacional de centros comunitarios para enseñar “computación e inglés a comunidades marginadas”.

Asegura que todas las escuelas contarán con agua, baños, luz, mobiliario, equipo e instalaciones dignos y ofrece triplicar la investigación en ciencia y tecnología para “construir la sociedad del conocimiento”…

 

Se trata de “compromisos” del próximo gobierno en medio de un escenario de incertidumbre, donde el Estado tiene cada vez menor control, no solo territorial, sino de procesos sociales y económicos; un panorama de exclusión, desigualdad y desempleo juvenil, donde la seguridad y la convivencia democrática están erosionadas por la violencia y donde la desconfianza crece al ritmo de la impunidad. Sin embargo conviven, en el mismo escenario: una gran diversidad de nuevos actores sociales, movimientos emergentes como el 132 que exigen la democratización de los medios, un sector de jóvenes creativos que se resisten a marcas de identificación y construyen alternativas de trabajos esporádicos y de organización política a través del entorno virtual. Ahí, en las redes sociales donde “no tienen que pedir perdón ni permiso” y “han roto el monopolio de la voz legítima”.

 

Retomo ideas de Néstor García Canclini, Rossana Reguillo y Rosalía Winocur expuestas en la mesa redonda “Comunicación y democracia en el entorno digital; la agenda de la sociedad ante los nuevos poderes” dentro del ciclo organizado por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi) y el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, la semana pasada.

 

La democratización de los medios no solo consiste en frenar la monopolización de los espacios tradicionales, sino considerar las nuevas redes digitales y crear alianzas con los jóvenes que las construyen para diseñar una agenda que potencie la diversidad y la pluralidad.

 

El escenario incluye paradojas. Una: mientras que 40 por ciento de los usuarios de internet en México es menor de 19 años, 50 por ciento de los jóvenes vive en la pobreza. Otra: el rezago de México con respecto a otros países de Latinoamérica que actuaron con mayor velocidad hacia la sociedad del conocimiento, tiene una ventaja.

 

México, advirtió Winocur, puede aprender de las experiencias de otros países en la región. Por ejemplo, que la siembra de computadoras no basta sin una alfabetización digital que incluya a los maestros y a las familias. El mayor logro de este tipo de proyectos en el imaginario, expuso la investigadora, es la sensación de que, por primera vez, algo se reparte equitativamente y de que todos los libros y la riqueza del conocimiento están al alcance. Pero si se suspende la conexión, el desconcierto es impresionante y genera la idea de que esa riqueza es vulnerable y el acceso, mágico.

 

Lejos de la magia, el acceso es un derecho colectivo. Y necesita una agenda de la sociedad.

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