Aristegui, MVS y Calderón.- Jorge Zepeda Patterson

Publicado en El Universal

Los desencuentros entre Aristegui y Los Pinos datan de hace buen tiempo. Las declaraciones recientes de Joaquín Vargas, presidente de MVS -empresa que transmite el noticiero de la periodista-, no hacen sino confirmar el hecho de que detrás del intento de quitarle la concesión de la banda 2.5 GHz subyacen razones políticas además de económicas. En parte tendría que ver con la animadversión que genera el noticiero de Carmen Aristegui, pero aun más importante es la estrategia de Calderón para ganar favores frente al gobierno de Peña Nieto y comprar protección personal para el próximo sexenio.

Ciertamente hay un tema económico de fondo. Cuando Vargas obtuvo esa concesión nadie podía adivinar el valor de mercado que llegaría a tener. Hace algunos años la banda 2.5 GHz era un páramo grande e infértil, pero el avance tecnológico lo ha convertido en un yacimiento de valor incalculable. Un espectro mucho más eficiente para la transmisión de televisión e internet en el futuro. El Estado desea quitárselo para ponerlo en licitación y estima un valor de inicio de 2 mil millones de dólares. En ese sentido, habría razones de Estado por encima de los intereses de un particular.

Vargas es consciente de ello, y desde hace tiempo hace contraofertas para entregar una parte del ancho de esa banda. El asunto se encontraba en revisión por parte de la Cofetel, el organismo responsable de regular los temas de monopolios y utilidad pública en materia de telecomunicaciones.

La decisión sorpresiva por parte de la SCT, sin esperar el fallo de la Cofetel, a tres meses del final del sexenio, se presta a muchas suspicacias. Por un lado, porque la decisión favorecería a Televisa, el gran aspirante a quedarse con buena parte de la concesión en disputa. Por otro, por la franca repulsa que genera en Los Pinos el noticiero matutino de Aristegui, sin duda el más influyente entre la clase política y en la conformación de la agenda periodística del país.

Como se recordará, en febrero del año pasado Aristegui fue despedida de MVS luego de hacer alusión a diversos señalamientos que hablaban de la inclinación presidencial por los brindis y las noches de música y bohemia. Ella no afirmaba nada, simplemente destacaba la importancia de que Los Pinos hiciera una aclaración al respecto, toda vez que se trataba de un rumor insistente. Carmen fue reinstalada algunos días más tarde, luego de que la presión de la opinión pública hizo demasiada cara la factura política de su despido tanto para la propia empresa (que vivió manifestaciones de protesta en sus instalaciones) como para la propia Presidencia, que fue acusada de intolerancia y censura.

Vargas confirma que a cambio de la concesión de la banda en disputa se había pedido la cabeza de la periodista. El empresario señaló a dos funcionarios del gobierno federal: Alejandra Sota, directora de comunicación social de Los Pinos, y a Javier Lozano, entonces secretario del Trabajo.

En una primera reacción, el boletín de respuesta de comunicación social de la Presidencia no tiene desperdicio. Afirma que la titular no habla con Vargas desde febrero de 2011, lo cual confirma dos cosas: a) que justamente Alejandra Sota se comunicó con el empresario en las fechas en que Carmen fue despedida y b) que en año y medio la responsable de información del gobierno no ha tenido contacto con uno de los grupos de comunicación más importantes, lo cual revela que la línea editorial de MVS mantenía marginada a esta empresa de comunicación.

Pero me parece que la decisión actual en contra de Vargas tiene que ver sólo en parte con el tema editorial. Mucho más importante es el beneficio político que Felipe Calderón obtiene con este manotazo sobre la banda 2.5 GHz.

En el fondo, me parece que es un favor del presidente saliente al presidente entrante. Para Enrique Peña Nieto habría sido muy caro en términos políticos quitarle a Vargas su concesión, porque habría sido visto como un operador de Televisa. Calderón le ofrece este regalo al final de su administración como parte de una estrategia para galvanizar su seguridad jurídica y política en el siguiente sexenio.

En el mismo sentido había sido la solicitud de un avión de precio de escándalo para el nuevo presidente. Calderón decidió asumir el costo político del anuncio de esas decisiones, a pesar de que no podrán concretarse en lo que resta del año. Juan Gabriel diría “¿pero qué necesidad?, ¿para qué tanto problema?”. Calderón preferiría enviar a Peña Nieto un mensaje de Carole King: “Would you still love me tomorrow?”.

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