La prensa que quiere López Obrador: Román Revueltas (Milenio Diario)

Publicado en Milenio Diario

Uno de los directores editoriales de MILENIO Diario puntualiza que aquí no hemos insultado a López Obrador. Es cierto. Pero, columnistas como el que escribe estas líneas le han atizado adjetivos muy poco amables. Para mayores señas, en un artículo reciente le llamé “megalómano”. Y, en esa misma ocasión escribí que era un tanto mentirosillo el hombre. Son opiniones mías, desde luego. Pero Obrador, después de todo, es un personaje público que también suelta sus pareceres a su aire, sin recato alguno y sin rendir cuentas a nadie. Ha sido el primerísimo en colocar términos tales que “pelele” y “espurio” en la agenda política nacional. Y, en las anteriores elecciones presidenciales, le bramó “cállate chachalaca” al mismísimo presidente dela República. Teníasu estilo el señor candidato de las izquierdas.

 

El asunto es que no debiera haber razón alguna, creo yo, para recalcar que no hemos sido demasiado ofensivos o injuriosos en una época, como la nuestra, en que la prensa es desbordadamente agresiva, feroz, crítica, mordaz e impertinente. Y es así porque está en su misma esencia, porque tal es su naturaleza en un jubiloso entorno de libertades, irreverencias y, desde luego, enjuiciamientos perfectamente legítimos porque reflejan la inconformidad de miles de ciudadanos. La prensa no tiene una “misión” asumida como tal pero, más allá de su obligación de informar, es una tribuna donde se puede expresar la insatisfacción de la gente, un espacio para las denuncias, un vehículo del pensamiento crítico y una voz de las diferentes oposiciones. Y en su mira no sólo están los representantes del poder establecido sino todos aquellos que han llegado a ocupar un lugar más o menos prominente en el escenario de lo público. Así de sencillo.

 

Pero Obrador, por lo visto, tiene la piel muy delgada. Y es que, como todos los individuos de la subespecie de los autoritarios, no ha aprendido a escuchar reposadamente la palabra de sus adversarios. Simplemente, no tolera la crítica y todo aquello que pueda significar un cuestionamiento a su persona lo califica de falsedades y maledicencias que él no cree merecer en su condición de emisario directo del “pueblo bueno”, una posición que él mismo se ha arrogado así como llegó a autoproclamarse, en su momento, “presidente legítimo” de México. Estamos hablando de un individuo que reclama derechos especiales luego de haber confiscado, para su uso exclusivo, la bandera de las causas justas; un personaje, por ello mismo, que no puede ser sometido al juicio de los comunes mortales, es decir, a las arremetidas de una prensa de opinión donde, miren ustedes, todos los demás personajes públicos sí son corrientemente criticados: el fustigador de este hombre no sería entonces un simple individuo con ideas propias sino alguien que sirve a los “poderes fácticos”, un “corrupto”, un “vendido”, un “enemigo del pueblo”, etcétera, etcétera, etcétera. Dentro de estas categorías entraríamos nosotros, los periodistas de MILENIO Diario.

 

Según parece, Obrador no se ha detenido jamás delante de un quiosco de periódicos; no ha advertido que en esos puestos callejeros venden, entre otras, la revista El Chamuco donde el presidente Calderón es despiadadamente caricaturizado por unos dibujantes tan magistralmente talentosos como irreverentes; no ha mirado las portadas del semanario Proceso ni los titulares del diarioLa Jornada. Noha tampoco hojeado las páginas de este periódico para alegrarse con los montajes fotográficos de Jabaz o solazarse con los ingeniosos motes que Jairo Calixto le endosa a los adversarios políticos del propio Peje. No ha leído, aquí mismo, a columnistas que lo apoyan incondicionalmente. No ha podido justipreciar, en otras palabras, la diversidad de nuestra prensa escrita. O, a lo mejor, sí lo ha hecho y todo esto no le basta. Quiere el señor una prensa más uniforme, más a modo, menos crítica y más complaciente con su persona. Una prensa, me imagino, como la que tendría en caso de llegar a la presidencia dela República. Unaprensa, ahí sí, con una misión claramente determinada por él y los suyos. Una prensa a su servicio, toda ella, sin notas discordantes ni escribidores respondones. Es lo que él quiere. Por fortuna, se equivocó de país. Aquí estamos. Y aquí seguimos.

Nota original

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