Osorio “Wanchung” y el regreso de “Gomezpunk”: Jairo Calixto Albarrán (Milenio)

Por Jairo Calixto Albarrán, publicado en Milenio

Ya fue suficientemente absurdo que Peña Nieto no acudiera al #DebateYoSoy132 alegando cosas como sacadas de la lógica RBD, como para que todos los voceros del PRI salieran a deslindarse de la supuesta compra de votos de la que acusa López Obrador. Sobre todo porque a pesar de la coyuntura electoral en la que vive la patria, no se puede estar echando por la borda una tradición tan añeja que va inoculada en el ADN del tricolor como la alquimia electoral, el Ratón loco, el embarazo de urnas y la siempre mágica de los muertos vivientes votantes. Digo, van a desconcertar al electorado que está habituado a esos usos y costumbres. De tanto negarlo, los votantes se van a sacar de onda y hasta llegar a desconocer al partido, no se vale.

O sea, está bien no reconocer esas prácticas, más aún cuando tanto se ha defendido la peregrina idea de un nuevo PRI, pero como en los viejos tiempos del lopezportillismo y el salinismo las negativas deben ser contundentes e inobjetables, pero debidamente adornadas con una verba florida plagada de parábolas herméticas y laberínticas con lógica de memorando y letras chiquitas.

Que diga Osorio Wangchung que él es bueno, santo y puro está muy bien. Y que lo refuerce alegando que todo es un compló de AMLOVE para desprestigiarlo a él y a su ejemplar Parque Jurásico está mucho mejor. Pero que de pronto aparezca hasta el espectro del probo de Echeverría a confirmarlo, genera más sospechosismo que credibilidad. Es como la reaparición estelar de Gomezpunk —ex secretario de Gobernación del gobierno calderónico, cuya capacidad para el desgaste lo hizo legendario— en la campaña de Vázquez Mota, luego de haber renunciado al PAN de manera ríspida y notoria. Que retornara el hijo pródigo del blanquiazul era lógico después de unos baños de pueblo con la intelectualidá; mal que lo hiciera en los tiempos del cuchi cuchi, cosa que se presta a toda clase de interpretaciones. Pero todavía peor que lo hiciera argumentando que, luego de sesudas reflexiones, llegó a la conclusión de que la buena era la candidata. Todo en un acto que solo puede ser comparado en materia de certeza jurídica con el de Manuel Espino declarándose, de pronto, profundamente peñista.

Así como van las cosas, nomás falta que de un día para otro, atormentado por sus chachalacas que aman en cuaresma, hasta Fox se declare chepinista.

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