Costa Bonino, el hombre detrás de las izquierdas en AL (El Universal)

Por Andrea Merlos, Publicado en El Universal

En los 90 era uno de los mejores estrategas electorales en Latinoamérica, en su carpeta de éxitos presentó los avances y triunfos de los partidos de izquierda en el continente. Es Luis Costa Bonino, uruguayo de nacimiento, itinerante por condición. En el mundo del marketing político aseguran que cobra por resultados, es uno de los ganchos con los que pretende demostrar su seguridad y fortaleza.

A diferencia de muchos asesores que viven de sus publicaciones, Costa Bonino se da el lujo de subir a internet sus manuales de estrategia electoral. Ahí, lanzó una feroz crítica contra Andrés Manuel López Obrador por el desempeño de la campaña presidencial de 2006:

“Las elecciones de 2006 tuvieron muy pesadas consecuencias en la sociedad mexicana. Los principales candidatos de entonces, Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa, se enfrentaron duramente en la elección y después de ella. López Obrador tuvo la elección ganada, pero hizo todo aquello que algunos ganadores de encuestas hacen, se quedó estático disfrutando del espejismo de las encuestas. No asistió a los debates y cometió el peor de los pecados políticos: la omisión y la ausencia”.

En su página escribió que cualquier político le merece más respeto que Javier Sicilia.

Costa Bonino es risueño y transmite confianza al no escatimar detalles de su vida profesional, de lo que escuchó o presuntamente hizo por los presidentes de Argentina, Perú o Venezuela, y de lo que ha platicado con López Obrador.

El experto electoral llegó a México a mediados de febrero, invitado por el cineasta Luis Mandoki, quien en 2006 siguió día a día las actividades de López Obrador y después hizo el documental ¿Quién es el señor López?

“Busqué a Andrés Manuel y le dije: ‘¿Te acuerdas de Luis Costa Bonino, que me dijiste que no lo trajera?’, y él me dijo: ‘Sí me acuerdo’. Pues ya lo traje”, narró Mandoki en una cena con empresarios el pasado 24 de mayo, la misma en la que el uruguayo planteó la necesidad de recaudar 6 millones de dólares, para garantizar el triunfo de la campaña presidencial de izquierda.

Según la grabación de la reunión del 24 de mayo dada a conocer por EL UNIVERSAL, Costa Bonino conoció a López Obrador una noche de febrero, por ahí de las 21 horas. El encuentro se alargó hasta pasadas las dos de la mañana. El uruguayo no se regresó a su país e inició un plan de tres ejes en el que la reconciliación con las bases partidistas, la militancia, los empresarios y la iglesia era prioritaria para entonces reconciliarse con los ciudadanos.

Desde entonces, Costa Bonino busca dinero para López Obrador a quien sí le cree, y a quien, dice, llevará a la victoria, pues en México las encuestas son impuestas.

Contrario al discurso polémico y a veces radical de la izquierda en Latinoamérica, en el que suelen denunciarse cercos informativos, imposiciones y poderes fácticos, se pronuncia a favor del discurso propositivo. Su ejemplo más reciente fue Ollanta Moisés Humala a quien ayudó a levantarse de un quinto lugar en las encuestas para subir al segundo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. Camino a la elección definitiva, Humala ya no llamó a trabajar con él a Costa.

Con Cristina Kirchner las cosas fueron más sencillas, pues ella compartía —con su esposo— un triunfo electoral y muchos activos a favor. Lo mismo pasó con José Mujica, a quien llama Pepe, pues asegura ante todo mundo haber crecido cerca de él y de su andar en la política, y quien es uno de los triunfos que parece enorgullecerle más, pues no participó de cerca en la contienda, sino que fue parte fundamental para que el Movimiento de Participación Popular perteneciente al Frente Amplio uruguayo lo apoyara para la candidatura.

A Costa Bonino no le gustan los medios impresos, prefiere entrevistas en televisión. En Latinoamérica se presenta como estratega electoral, en Europa es politólogo. En el Viejo Continente, en 1987-1998 asesoró a Francois Mitterrand en su búsqueda por la presidencia.

Algunos estrategas de marketing político lo consideran como un hombre ácido, que sabe ganar o perder en las elecciones. Pero hoy ha perdido el toque; su mejor época fue en los años 90.

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