Molotov, Sicilia y la crucifixión de los candidatos (Milenio)

Por Jairo Calixto Albarrán, publicado en Milenio

Como ya no están en condiciones de acudir a las urnas, las víctimas habían estado ausentes de las campañas políticas y de los discursos de los candidatos, Javier Sicilia tenía que someterlos a una terapia extrema de realidad contra el Alzheimer selectivo. Con las prisas electorales, se corría el peligro de que los políticos se olvidaran de quienes por causas ajenas a su voluntad engordan las estadísticas de lo que se ha denominado con el rigor frío del eufemismo calderónico como “daños colaterales”.

Luego de recibirlos uno a uno con abrazo y beso, Sicilia pasaba a colocarlos en el matadero. Así los políticos tuvieron que tragarse reclamos y señalamientos con rigor y mandíbulas apretadas. Un recuento de daños de esos que hacen daño. Fue divertido y a la vez alucinante y cabrón ver a todos los personajes sometidos a una crucifixión minuciosa que supera cualquier fantasía laica.

Tan así, que Josefina tuvo que ofrecer disculpas por el gobierno que “dejó un camposanto como patria” con un tono más actoral que sentido; Peña Nieto reconoció que había aprendido de los excesos de Atenco mientras a su lado Coldwell y la Paredes se mostraban tan incómodos que hubiera preferido ir encuerados a la Ibero. Por su lado, AMLOve trató de rebatir los señalamientos de autoritario y mesiánico, pero se le aparecieron los familiares de los desaparecidos. Algo que debió disfrutar Salinas, su archienemigo.

A sabiendas de todo aquello, el ChikiliQuadri decidió granjearse a la gente del Movimiento con Justicia y Dignidad, alegando que él, como todos aquellos que lo habían acusado de ser el consentido de la profesora, que también estaba hasta la madre. No funcionó. Seguro que preferiría irse a bucear con tiburones.

Un ejercicio sadomasoquista de esos que revelan de qué materiales están hechos los políticos desprovistos de su tribu de secretarios y asesores, al bajarlos del templete y ponerlos de frente a quienes han sufrido lo indecible, que han padecido tragedias impensables y que de manera sistemática se pierden en la numerología oficial y que convertidos en un espectáculo amarillista terminan condenados al olvido.

Habrá quien diga que fue demasiado. Que con someterlos a una sobredosis de Laura Bozzo o Pequeños gigantes o tomarse un litro de las agüitas de la señora Wallace hubiera bastado. Pero si los candidatos quieren el voto latino y el gimme the power antes tiene que recibir su dotación de chinga tu madre al estilo de la banda Molotov

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