#Yosoy132. Los engañados.


Desde el corazón de las universidades emerge un movimiento de agitación digital que se rebela contra lo establecido. Son jóvenes que con su voz en Twitter y Facebook convierten las redes sociales en la nueva plaza pública.

Reporte Índigo / Roberta Carrillo, Paulina Villegas y Paloma Robles

 

Sobran las opiniones ilustradas que sienten que se les va de las manos el monopolio de la opinión que el Estado les tiene concesionado y que se dedican a hacer campaña contra las redes sociales.

Que si las redes son la nueva izquierda digital y que el Twitter está dominado por lopezobradoristas.

 

Que si Facebook está convertido en el pizarrón de los chistes negros sembrados contra Enrique Peña Nieto.

 

Que si los desmayos de Josefina Vázquez Mota se vuelven en automático el trend topic del día.

 

Que si los blogueros están divididos sobre Quadri y su dependencia o no de La Maestra.

 

Dicen esas opiniones ilustradas que no pueden tomar con seriedad los trend topics porque lo que en ellos se dice son temas superficiales y humor muy negro, que son altavoces para el insulto indiscriminado.

 

Pero, acertados o equivocados, sin lugar a dudas son el reflejo claro de lo que sienten esos ciudadanos digitales. Y si lo que dicen se viraliza, se contagia, es porque el virus de esa inconformidad, justa o injusta, está incubado.

 

Quienes desacreditan esos mensajes como torpes y banales quisieran que volvieran los tiempos en los que ellos, como modernos Ciudadanos Kane, detentaran el control de los contenidos para que fueran consumidos, sin protestar, por un público masivo, embrutecido. Qué sencillo era manipular.

 

Ignoran o no quieren ver esos opinadores de un solo carril de ida, que los contenidos ya no les pertenecen en exclusiva. Que las nuevas tecnologías están levantando cada vez a más millones de personas del sofá desde donde lo único que controlaban era el control remoto.

 

Ahora tienen en sus manos el poder de la información. El que les da la capacidad de generar los contenidos y distribuirlos a millones. Al toque de un celular, al click de un iPad o de una computadora.

 

Y es bajo ese cristal que se deben analizar los más recientes sucesos político-estudiantiles. Los de la Ibero con Peña Nieto, los de López Obrador en el Tecnológico de Monterrey o los de Quadri en Querétaro.

 

Bajo la insensibilidad de pensar que los estudiantes digitales se comportarían igual que los estudiantes análogos de hace apenas unos años. Nada más distante, nada más distinto.

 

En el México actual, los universitarios son los depositarios del conocimiento que en los últimos años dejaron otras experiencias. Desde la rebelión digital en Egipto, hasta los Los Indignados en Madrid o los Occupy Wall Street en Nueva York.

 

El común denominador es que son voces que se sintieron ignoradas por los privilegiados, lo mismo políticos, empresarios o líderes sociales. Voces que rompieron el silencio en el instante en que aprendieron a pulsar la tecla send.

 

Son los universitarios que hoy se sienten no solo ignorados y marginados, sino engañados por un aparato que lo mejor que les puede prometer es un empleo a medias. Si lo hay.

 

El enojo y la rebeldía que solían ser patrimonio de las universidades públicas ya se contagiaron a las universidades privadas. El uno por ciento del 10 por ciento está abandonando su zona de confort para hacerse oír, para actuar.

 

Sorprendieron en el Tecnológico de Monterrey recibiendo a López Obrador con los gritos de “¡Presidente!, ¡Presidente!, ¡Presidente!”. Sacudieron desde la Ibero a las conciencias priistas cuando confrontaron en su campus a Peña Nieto.

 

Y lo hacen orquestando una sinfonía de twittazos, convocando a las masas digitales con una posteada en el Facebook. Ya no quieren ser Los Engañados.

 

Sus mensajes llegan, aunque los medios tradicionales se empeñen en esconderlos o maquillarlos. Sus convocatorias no necesitan más plaza pública que la pantalla de un celular, una tablet o una computadora.

 

En Egipto, Hosni Mubarak menospreció a esa minoría del 0.8 por ciento que rompía el cerco informativo a través de las redes sociales. El dictador los subestimó. Y lo derrocaron.

 

Por eso hay que escuchar sus voces, intentar entender su pensamiento, analizar su dinámica digital multitareas. Para que nadie se diga sorprendido. Para aspirar a tener un puente de entendimiento entre lo que fue y lo que ahora es. Para que ya nadie pueda llamarse engañado. Escuchémoslos.

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